Mesa Para Dos

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Mesa Para Dos

Mensaje  Isa el Vie Mayo 02, 2008 12:33 am

Mesa Para Dos

Esperaba la noche del viernes toda la semana. Era como si todo dependiera de la llegada de ese único momento, que todo lo demás fuera solo un preámbulo. Era como si la facultad, mi mediocre trabajo en la librería, las pocas veces que salía con algunos amigos de la escuela, y las visitas a mis padres los domingos fueran solo una vana ilución, sin importancia alguna.
Sufría los sábados y los domingos, ya que sabía que faltaba demaciado para el viernes. Y desde el lunes, cada día que se acercaba más al viernes me ponía más feliz y más asustado.
Llegaba la mañana del viernes, y yo me volvía torpe y todo me salía mal. Siempre salía dos horas antes del trabajo para empezar a preparar no solo mi atuendo, sino las cosas que exactamente le diría... especialmente porque sabía que no podía decirle más que algunas palabras.
No, yo no tenía una cita con ninguna chica.
Era un restorante no muy lujoso, pero bonito y cálido. Aparentaba ser importante de todos modos, con guardias a la puerta, y camameras uniformadas y... la persona detrás del mostrador que te asignaba una mesa.
Milena, se llamaba. Pero yo no lo había sabiodo hasta la cuarta vez que asistí a ese restorán, a la misma hora todas las semanas, así por lo menos era más fácil que se acordara de mí.
Yo llegaba y todos los días le decía la misma frase: "Mesa para uno" Lo odiaba. Más de una vez había soñado con ir con alguna de mis amigas, para que ella se diera cuenta de que yo no era un sujeto tan solo, en especial porque sabía que ella tenía una activa vida social y un novio.
Entré al restorán esa noche, ella estaba detrás del pequeño mostrador, sentada en su banco, haciendo garabatos en una servilleta con su pelo rubio recogido detrás de las orejas.
-Hola, Milena. -le dije sonriendo.
Levantó la mirada como siempre. A veces, yo sentía que me esperaba... pero siempre lo descartaba. Sonrió, con esa sonrisa que la primera vez me había dejado sin habla.
-Hola, Rafael. -me dijo -¿Mesa para uno?
Ya me conocía. Me limité a asentir una vez con la cabeza.
-Te daré tu mesa de siempre, hay pocas trabajando hoy así que tendré que atenderte de nuevo. -sonrió.
Eso pasaba a veces, las mejores veces.
Caminamos en silencio hasta mi mesa de siempre.
Me la mostró sonriendo y yo me senté.
Su trabajo no era tomar los pedidos en las mesas, pero a veces lo hacía cuando había poco personal trabajando.
Estaba a punto de abrir la boca para decirle lo que quería, cuando me interrumpió:
-No hables, ya sé lo que quieres. ¿Lo de siempre, verdad? En tres años no has cambiado tu comida. -dijo anotándolo en un papel.
Volví a limitarme a sonreir. Siempre planeaba largos discursos o temas de conversación, pero nunca me animaba a abrir la boca.
Observé el restorán un momento. Había gente que yo solía reconoce,r pero esta vez no había casi nadie. Estaba dispuesto a quedarme sentado mirando la mesa (como siempre) hasta que Milena volviera con mi pedido, pero esta vez pasó algo totalmente increíble:
Vino, se sentó en mi mesa, y suspiró, apoyando su cabeza en la mano.
Yo la miré sin poder evitar mi sorpresa, y ella se asustó:
-¿Te molesto? -me preguntó sorprendida.
-No, para nada. -creo que nunca había escuchado mi vos -Es que nunca habías hecho eso.
-Disculpa si te molesté... -me dijo casi parándoce, pero yo la detuve -Es que estoy cansada, y no hay casi nadie hoy... creo que cerraremos temprano. ¿Te molesta que hable contigo?
-Claro que no. ¿Cómo te va con Ka?
Frunció la boca.
-Me dejó. -me dijo con el seño fruncido.
Expresé alegría y arrepentimiento al mismo tiempo.
-Lo siento. -dije.
-Está bien, era un cerdo. Ya no podía soportarlo. -se detuvo al ver mi cara. -Cuentame algo de tí... Te he visto con libros muy interesantes ¿Estudias literatura o algo así?
-Eso mismo. -sonreí -En la UHE.
-Que bonito. -dijo ella -Ojalá para mí fuera tan fácil.
-¿No estudiabas psicología?
-Si, claro... antes. .-dijo frunciendo los labios -Ka me dijo que me ayudaría a ser actríz... y siempre deseé serlo. Ya ves en donde terminé por su culpa.
-Podría ayudarte a pasar un examen de beca en la UHE. -le propuse.
-Gracias. -sonrió -Pero no hay carrera para mí. Debería casarme. -se rió.
Ni pensaba dejar pasar esa oportunidad de charlar juntos un rato. Así que intenté ser lo mayor sociable que pude, y funcionó porque hablamos y me solté por un momento.
Cuando hube terminado mi comida, y me dispuse a sacar la cuenta, me dijo:
-Me divertí mucho charlando contigo, desearía que pudiéramos... vernos en otro momento ¿no crees?
¿A que no saben lo que pasó después?

Isa

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