EL ADIOS

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EL ADIOS

Mensaje  draginazio el Vie Jul 09, 2010 4:45 pm

La lluvia caía dulcemente sobre las calles de la ciudad produciendo un hermoso sonido en los tejados de cada casa que tocaban, la Luna aparecía tenuemente entre las nubes, alumbrando cada calle, permitiendo que las personas se sintiesen mas seguras al andar… era en verdad un hermoso espectáculo, aquel conjunto creaba una noche casi mágica para poder conocer el gran amor que en otras circunstancias no podrían conocer, mas ellos, de pie, en medio de la plaza no notaban la gran belleza que les rodeaba, solo les interesaba en esos momentos el poder seguir eternamente en un gran abrazo y lograr detener el tiempo para que así no amaneciese jamás, no querían que llegara el amanecer, pues sabían que en cuanto el sol tocara la ciudad con sus rayos, deberían separarse, debían olvidar todas aquellas experiencias que un día los unieron y convirtieron en un solo ser, debían tomar caminos separados, y probablemente jamás podrían volverse a ver.

En un momento, el levanto su vista, y observo la luna que les brindaba su leve calor, observó el extraño tinte rojizo que les acompañaba, así que tomo su mano y echaron a andar atravesando calles y plazas, siempre con la vista en el cielo, pudo observar que era ella, la misma luna que un día los había unido, tenia el mismo tinte mágico, la misma calidez a pesar de la fría llovizna que rociaba todo a su alrededor, era aquella luna que no se dejaba opacar por las tormentosas nubes que le rodeaban, esa luna que en una noche lo guió a través de las calles a los brazos de su amor, así que juntos, siempre mirándola, sin importar el frió ni la brisa, sin importar la humedad ni la tristeza, detuvieron su camino en un pequeño parque local para observarla y recordar como aquella que los había unido ahora quería estar presente cuando tuvieran que separarse…



Caminaba por las calles de la ciudad, con gran tristeza, melancólico, sin poder hallar refugio de la cruel lluvia que azotaba la ciudad, no sabia a donde ir, no quería llegar a su hogar, no quería ver a ningún amigo, no quería llegar a ninguna parte, solo quería perderse entre las calles y desaparecer, quería tomarse un trago y brindar por el amor que jamás conoció, olvidarse que algún día podría encontrar esa alma que llenara su corazón y poder descansar en paz. Así que paso a paso, se acerco a un viejo bar. que había visitado en otras ocasiones en las que aun albergaba la esperanza de hallar consuelo para su alma, lentamente subió uno a uno de los escalones, atravesó la sala y se sentó en la barra, con tono melancólico, pidió una cerveza, néctar que de alguna manera no era capaz de hacerlo olvidar, pero lograba al menos hacer mas llevadera su carga, así, entre sorbo y sorbo, pasaron cinco, diez, quince minutos, sin que el levantara la vista de la barra, solamente pensaba en lo desdichado de su existencia, solamente podía pensar que jamás podría hallar alguien que le correspondiera. De repente, sin saber por que, levanto la vista y miro a su alrededor, no buscaba nada en especial, no quería saber quienes le rodeaban, fue un sencillo acto impulsado por una extraña fuerza que le guiaba, en una mesa, cerca de el, a menos de tres metros de distancia, estaba aquella alma que había estado buscando desde hacia tanto tiempo y no había podido hallar en ningún lugar, allí estaba, con una bebida que le habían traído en un vaso, con triste y solitaria expresión en su rostro, buscando el poder pasar la melancolía. El observó la escena contristado, caviloso, en silencio veía cada uno de los movimientos que hacia, cada vez que subía el vaso para lentamente vaciar el liquido en su interior, así que sin pensarlo demasiado, se levanto de su silla, camino cuatro o tal vez cinco pasos, y se sentó en la mesa con aquel ser que tanta paz había traído a su ser desde hace un momento, sin saber la razón exacta, solamente sabia que de uno u otro modo que no comprendía, le había encontrado.



Hablaron por espacio de dos o tres horas, recordando ese bello momento en el que por una extraña situación se habían conocido, esperaban el poder vivir una vida juntos, el poder envejecer, llegar a estar juntos bastante tiempo, pero de uno u otro modo esto se había truncado, convirtiendo su bello sueño en una pesada carga, pues después de esa noche en que se habían conocido, supieron que habían sido el uno para el otro, salían, jugaban, reían, eran en verdad felices, no podían comprender como el destino que tan benevolente había sido con ellos, ahora les podía arrebatar toda la felicidad que les había entregado, no era nada justo esto que les hacían, no podían comprender el por que de esa situación, así que juntos, aun con la mirada puesta en la luna, aquella mágica hechicera que los había juntado, rogaron por lograr encontrar una feliz solución a todas sus penas. La luna los observaba sin mediar palabra, ella los había guiado siempre, había reído con sus alegrías, había llorado con sus tristezas, pero no podía intervenir en el gran plan divino, así que aprovechando la mas pequeña nube que paso a su lado, hizo lo que nunca se había decidido a hacer, la tomo y se escondió.



Después de esa noche, pasaron varios días en los que se veían casi a diario, salían a tomar un café, o tal vez se quedaban en casa de uno de ellos, solamente acostados, uno al lado del otro, abrazados esperando el amanecer, charlando, jugando, tal vez solamente observando el aparato de televisión, de una u otra forma, generalmente terminaban haciendo el amor, con fuerza, con alegría, sintiendo que podían ser uno solo, sabiendo que de ellos era esa gran energía que sentían al terminar, y una vez echo esto, dormían abrazados, sin gran preocupación en el futuro, solamente disfrutando el momento, gozando del calor del otro, y soñaban con un futuro mejor, con el poder siempre estar juntos.

Hasta que un día, por una terrible circunstancia, las cosas debieron cambiar, sin una razón justa aparente, había llegado una carta, en la que le era notificado su traslado a otra ciudad, con gran tristeza le comunico la noticia a su amor, quien en un primer momento se dedico a consolarle, a cubrir con sus manos toda la tristeza que pudiese sentir, hablándole en formas muy dulces, reconfortando su alma y prometiéndole que las cosas jamás iban a cambiar, aunque en el fondo de su ser el lo dudara, pero no importaba, pues lo primordial era que el corazón que estaba a su lado lograra calmarse, no se sintiera asustado ni melancólico, sabia que había sufrido con anterioridad, y no quería que jamás eso se repitiese, así que olvidándose de si mismo, el le abrazó, y con sus brazos transmitió toda la fuerza que le pudiera dar de si mismo, aunque ya era inevitable el poder cambiar las cosas, decidieron vivir los pocos días que les quedaban juntos al máximo.



Y esos días habían terminado, esta, la ultima noche que podían estar juntos, el llegó a su casa, esperando el poder hacer algo para que no partiese, esperando algo que cambiase la situación a su favor, pero no sabia que podía ser ese ente salvador que les ayudase, no sabia si podrían estar juntos alguna vez además de esa noche, así que sin saber que hacer, le pidió que saliesen a caminar, y curioso, apenas hubieron puesto un pie en la calle, se desato esa ligera llovizna que les hizo refugiarse en aquel bar algún tiempo atrás, mas ellos de un modo muy curioso jamás lo notaron hasta el momento en que observaron que la luna era la misma que se presento esa noche, tenia ese mismo brillo mágico que les guió a los brazos del otro, tenia el mismo tinte rojizo, e incluso tenia una calidez que es casi imposible de notar, y menos aun con la lluvia que se esforzaba por opacarle, así que sin pensarlo demasiado, hicieron exactamente lo mismo que en aquella ocasión hicieron por separado, la siguieron, debían llegar hasta donde ella los guiase, y, tal vez, ella les diese la solución a sus penas, lo que jamás pensaron es que la luna tenia otros planes en mente.





Guiándolos por plazas y calles, ella los llevo por fin a su destino final, un parque alejado de toda vista, el lugar perfecto para poder llevar a cabo los deseos de chronos, el gran dios del tiempo, quien celoso de la gran armonía que había entre los dos humanos, decidió el separarlos de la manera mas truculenta y baja que algún humano pudio jamás imaginar, así que pidió a la luna, que ejecutara todas sus instrucciones para poder seguir guiando a los humanos en sus momentos de dolor, pero en caso de no lograrlo, el la destruiría y jamás podría volver a renacer en ninguna constelación, así que con lagrimas en los ojos, la luna no tuvo otra opción que obedecer los terribles designios del dios del destino.



En aquel solitario paraje, sin importar la lluvia, ni el frío, ni la gran tristeza de sus almas, ellos se sentaron en silencio, se miraron y vieron que de los ojos de ellos brotaban lagrimas, no podían seguir separados, no entendían por que la luna no los había guiado a una solución, no lograban entender el por que no hacer algo mágico por ellos, devolverles la tranquilidad que un día les había entregado, solamente los alejo de la sociedad y los dejo allí, lejos de todas las miradas de la humanidad, para así poder esperar al sol, quien al llegar los separaría para siempre, así que con gran ira, el levanto su voz contra aquella benefactora, gritó para que la luna le explicara la situación, y ella, siempre en silencio lo observo sin moverse de su posición, detrás de la nube, llorando, hasta que de repente, aparto un pequeño pedazo de esta para dejar pasar un rayo de su luz, mostrándole lo que debían hacer, en cuanto vio que comprendieron, se oculto detrás de una gran masa de nubes, la mas grande vista y no volvió a salir.



Se miraron a los ojos mientras el sostenía el objeto en su mano, era algo demasiado confuso, pero de algún modo comprendían que era el único modo en que podrían seguir juntos, así que se abrazaron, bebieron el contenido de la botella encontrada, y allí, en medio de la nada hicieron el amor por ultima vez, y de un modo extraño, sintieron aun más fuerza esta vez, leves gemidos salían a romper el silencio de la noche, rompiendo la calma de aquel solitario paraje nocturno, la lluvia no importaba ya, tampoco el frío, solamente importaba el poder sentir el calor de sus cuerpos, hasta que de repente, el silencio fue quien gobernó la noche, y la luna no volvió a aparecer mas.



Al llegar la mañana, los niños que pasaban por allí, se toparon con un terrible espectáculo, una extraña pareja, que yacía uno junto al otro en silencio, parecía que dormían, pues tan apacible era su expresión que no notaron que habían muerto, durante varias horas varias personas observaron este espectáculo hasta que algún transeúnte lo notó y dio aviso a las autoridades.



Durante los días siguientes, la gente se extraño de no volver a ver la luna en los días que siguieron al hallazgo de los dos cuerpos, a pesar de ser noches despejadas, sin rastro de nubes en el firmamento, jamás se asomo ella a observar la humanidad, y los amantes no pudieron deleitarse ya mas con su brillo sobrenatural que les enamoraba, cuentan que un poetisa andaba una noche sin rumbo fijo, y escondida tras murallas de nubes la encontró llorando sus penas, al interrogarle el por que de su llanto, esta historia le contó, y gracias a el a podido llegar a nuestros oídos.

draginazio

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