UNA PICA EN FLANDES

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UNA PICA EN FLANDES

Mensaje  Alejandra Correas Vázquez el Jue Oct 21, 2010 9:44 pm

UNA PICA EN FLANDES
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Por Alejandra Correas Vázquez


El Corregidor y Maestre de Campo, Don Pedro Correas de Larrea, llegó al comenzar el siglo XVII a la ciudad chilena erguida al pie del Aconcagua : Mendoza.

Sus altísimos cargos eran por entonces, más importantes que la ciudad donde le tocara ejercerlos. Nadie envidiaba la suerte de Don Pedro : Mendoza, en el siglo XVII. Una ciudad amenazada —cerrada— como ruta de Malones y fortín de frontera. Ciudad transandina y muy solitaria. Nadie, como dijimos, envidiaba la suerte de Don Pedro. Su lugar en ejercicio. Y esto lo demuestra el hecho de que sus cargos pasan de padres a hijos —cosa extraña en la dinámica española— pero lógica si comprendemos que no había candidatos para reemplazar a estos Corregidores fronterizos, aislados en la Cordillera de los Andes.

El “Reyno de Chile” (como se lo llamaba en los documentos coloniales) había sido invadido en 1620 por un inmenso Malón araucano que lo arrasó casi por entero, con su provincia transandina de Cuyo. Ellos fueron llamados posteriormente “Ranqueles” en Argentina, y desde esa fecha quedarían colocados en el actual territorio argentino produciendo los desmanes del siglo XIX. La provincia de Cuyo (Mendoza y San Juan, hoy argentinas) pertenecía en aquel tiempo al Reyno de Chile.

Don Pedro Correas de Larrea fue enviado por orden de la corona a este destacamento militar de contención, y en Mendoza radicó su familia. La cual creció y se ramificó largamente hasta nuestros días del siglo XXI, distribuyéndose por otras provincias argentinas y por el mismo Chile actual.

Pero Mendoza sería desde el comienzo, a pesar de sus duras vicisitudes del principio, muy próspera en vides. La “tierra del buen sol y el buen vino”. Tierra de promisión para los Correas de Larrea.

Don Pedro, pionero de una empresa que incursionaba por épocas difíciles sobre las indómitas regiones andinas que limitaban con Arauco —cuando aún se hallaba caliente el cuerpo de Valdivia— cruzó los picos de nieves eternas en este remoto confín del Cono Sur, rodeado de malones, Andes y soledad ... Con el pendón de Castilla y su alma aragonesa. Y a partir de allí ya no retornaría nunca más a la patria de Don Pedro y de Don Jaime, pues él había nacido a finales del siglo XVI en la ciudad de Huesca, Aragón.

Con sus incógnitas confesionales, sospechado como tantos otros aragoneses y vascos de calvinismo, o más vale de carrancismo (lo que se consideraba aún peor) llegó a Mendoza. En aquellos terribles tiempos de la península española no había tolerancia. El Obispo Carranza intentó reformas en la Iglesia, pero sin separarse de ella y fue enviado encarcelado a Roma. Sus seguidores mayormente vascos como él, pero también navarros y aragoneses, fueron quemados en el Auto de Fe de Valladolid. La gran presencia de vascos y aragoneses por las Indias en esta fecha, tiene ese motivo… ¡Eran católicos y se los acusaba de calvinismo!

Hallábase ahora radicado en Mendoza este nuevo enviado del rey español (Felipe III de la Casa de Austria y Borgoña) a sus posesiones de frontera. De tal modo, el Corregidor y Maestre de Campo Don Pedro Correas de Larrea tenía a su cargo preservar ese espacio fronterizo fijado antaño por el Inca y su brillante imperio. Una frontera entre historia y prehistoria, que limitaba con el primitivo reino de Arauco (el cual también había rechazado al Inca) y que señalaba al Río Maule como línea divisoria. Será éste, el cargo adjudicado a Don Pedro, un cargo hereditario de padres a hijos por mucho tiempo. Lo cual indica tanto una eficiente tarea defensiva montada por él, como también, que no era fácil para la administración colonial española, hallar gente idónea de reemplazo para lugares estratégicos y muy alejados. Lo que era especialmente y sigue siendo, el Cono Sur Sudamericano.

Según el organigrama medioeval eran las familias de “Marqueses” los que cuidaban una “Marca” o frontera. Los marqueses en España tenían cargo militar y también dirigían cuerpos de guerra en avanzada, asumiendo las decisiones en carácter propio, sin solicitar venia del rey. Un ataque sorpresivo fronterizo no puede demorarse en mensajerías. Y este Marquesado en el sistema feudal era hereditario. Pertenecía a la “nobleza rural”. Al haberse realizado el descubrimiento de América en 1492 (o sea en el Medioevo) todas las organizaciones feudales pasaron a América. Tal sucedió en cualquiera de las colonias, ya fueran estas españolas, francesas, inglesas, holandesas o portuguesas. Por ello mismo siguieron en vigencia sus leyes. El rumbo que tomó Europa tras el 12 de octubre, no entró en la América colonial. Este es un tema bien analizado por los historiadores modernos.

Esta familia Correas procedía sin duda de una familia de marqueses medioevales, o sea militares de frontera de la nobleza rural, donde eran preparados en las artes marciales. Ya posteriormente, en tiempos del imperio español de ultramar su destino fue principalmente : Las Indias. Habían servido antaño a la “marca” del reino de Aragón cuidando sus fronteras de los ataques castellanos. Y… ¡como ironía del destino!... fue Castilla quien recibió la bula Papal, de modo que ahora estos defensores debían llevar consigo el “pendón de Castilla” a pesar de su alma aragonesa.

También correspondióles defender la “marca española” de Flandes, y por último la marca sudamericana. Flandes y Arauco tenían la misma característica de combate, lo que hoy llamamos “guerra de guerrilla” o sea ataque sorpresivo en varios frentes. Pues Mendoza fue una “marca” en el término propio del concepto. Era la zona de frontera a proteger contra las invasiones araucanas (Malones) que atacaban el “Reyno de Chile” en el siglo XVII. Con este nombre, aunque nos resulte extraño, figura la gobernación chilena en las Actas Capitulares cordobesas.

Esta Marca provenía de muy lejos, era precolombina, ya la había establecido el imperio incaico antes de la llegada española. Y tenía además la necesidad de ser asumida por gente con experiencia en lo que hoy llamamos, como dije antes, “guerra de guerrillas”, o sea un ataque inesperado con respuesta a su vez inmediata. Colocar una “pica en Flandes” era el método usado como repuesta a las incursiones de los flamencos que habían acostumbrado a las tropas españolas, a esta forma de resistencia. Fueron la tropas de Flandes —elegidas ex profeso a tal fin–– las que debieron llegar hasta el Cono Sur Sudamericano para frenar los Malones.

Don Pedro Correas de Larrea había pertenecido a los tercios de Flandes, donde se distribuyó también descendencia de esa familia.

España tenía dos frentes de guerra internacionales, la guerra de Flandes y la guerra de Italia. En la primera se valía de tropas ligeras de actuación rápida y soluciones intrépidas, experimentadas al lado de los flamencos. En la segunda debía enfrentarse con los ejércitos estrategas del rey de Francia y el muy organizado ejército francés. Era una guerra estratégica, táctica y de cálculo. Para el sur de Sudamérica se trajeron los tercios de Flandes, muy experimentados en esta forma de combate sin previo aviso, colocando “picas en Flandes” lo cual desconcertó a los araucanos y frenó los Malones.

Y esa lejanía del Cono Sur sudamericano en aquellos siglos, era muy conveniente para toda familia que tuviera problemas confesionales, al alejarse lo más posible del Santo Oficio que tenía su sede en Lima. Como asimismo les facilitaba su desarrollo como familia al sustraerse de los códigos de la Inquisición, vigentes junto al río Rimac, demasiado cercana y temible. Tal sucedía también con Córdoba, donde judíos sefardíes, moriscos musulmanes y judíos lusitanos (todos ellos fundacionales) hallaron en este sitio alejadísimo, situado en el Tucumanao, su “ciudad de refugio” casi de corte bíblico Esto fue : Córdoba del Tucumán.

Como compensación al cumplimiento de deberes con el Rey los cargos coloniales se pagaban con bienes, especialmente en tierras (Mercedes Reales) al no poder disponer de moneda circulante en los primeros siglos. Los poseedores de Mercedes llevaron el nombre de Encomenderos del Rey. Y esto daría origen a los posteriores terratenientes argentinos, una vez llegada la independencia donde las Mercedes (que pertenecían al rey) se transformaron en propiedades legítimas. Y los Encomenderos en Estancieros o Finqueros en el caso de Mendoza… quienes fueron el pilar de prosperidad argentina, de la primera etapa nacional.

Para el corregidor Don Pedro, su solar natal, el antiguo reino aragonés, navarro y provenzal de Don Pedro de Aragón, ya no existía. Tierra de cátaros y antipapistas, tierra de disidentes. Pues Vasconia, Aragón, Provenza, Navarra, Catalunya, Baleares, Cerdeña, Malta, las Dos Sicilias... formaron en conjunto antaño, ese destacado Reino de Aragón de los trovadores. Fue heredado por Fernando el Católico, cuyo antepasado Don Pedro II había perdido la Provenza (hoy francesa), frente a un ejército papal defendiendo a sus súbditos cátaros y muriendo por ellos en aquella lucha, en el sitio de Toulouse. Aragón además, sería también un refugio templario.

Porque España unitariamente en el silgo XVI todavía no existía como tal, al comenzar la conquista bajo Carlos V y luego la colonización bajo Felipe II, cuando son fundadas por éste último las ciudades de Córdoba y Mendoza. Eran : “¡Las Españas!”. Y paradójicamente al contrario de lo que se cree hoy, los aventureros y encomenderos de aquel gran Imperio Español de Ultramar —mayoritariamente— no hablaban el castellano. Lo aprendieron aquí, pues no era su lengua materna, aunque hubiesen nacido en la península ibérica.

Igual aconteció con los inmigrantes posteriores. No era su lengua y en muchos casos la propia estaba bastante distanciada de ella, hallándose todos algo cercados por el idioma al llegar a las Indias. Incluso aprendieron rápido las lenguas nativas, por ello se conservan… Sabemos bien que en España actual rigen estas diversas lenguas hispánicas. La historiadora Rosa Arciniega acota en su libro “Dos Rebeldes Españoles en el Perú” que en ese siglo (XVI) en la “calles de Lima se oía hablar el vascuence”.

Lusitanos, vascongados, aragoneses, napolitanos, moriscos, marranos, flamencos, indios, africanos, etc... O sea el conjunto de súbditos de Felipe III (creador de las universidades coloniales), todos ellos aprendieron el castellano en esta Hispanoamérica que los acogiera con generosidad. Además, costóles tiempo en adquirirlo, pues se movilizaban por comunidades. Hasta las Mercedes y Encomiendas eran repartidas por grupos étnicos, en búsqueda de la armonía de sus miembros como sistema virreinal.

Eso sí, los documentos públicos estaban redactados en castellano y en latín. Y en el Cono Sur también se escribieron en quichua, aymará y guaraní, lenguas indias que eran oficiales dentro de la Colonia. Las bulas papales para la aventura americana favorecieron a Castilla (siempre papista) y fue el pendón de Castilla —su bandera— lo que numerosísimos aragoneses plantarían como enseña “propia”, en este Cono Sur sudamericano. Un pendón contra el cual sus antepasados habían combatido hasta a morir, en grandes batallas medioevales... Como es sabido por una larga tradición nunca debe decirse : “de esta agua no he de beber”, pues el devenir reserva sorpresas y el destino da vueltas las cartas. Juega de nuevo.

¡Ironías del destino!

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Alejandra Correas Vázquez

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