UN BRINDIS POR EL VINO

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UN BRINDIS POR EL VINO

Mensaje  jOSÉ lUIS el Miér Mar 20, 2013 5:14 pm

UN BRINDIS POR EL VINO

Después de una juventud de excesos, Benito volvió al pueblo con ropa de no hacer nada, los bolsillos vacíos y la carrera sin terminar. Se vio vencido y sin saber qué hacer en medio de los viñedos heredados, en guerra por un suspiro de vida contra los hierbajos del abandono. Solo le quedaba eso y el recuerdo de actividades sin descanso en épocas de vendimia y trasiego. Fueron tiempos exuberantes, distintos al presente de fatigas y miserias. Aquellas penurias escondían su futuro, y se propuso encontrarlo.

Las clases de la universidad le aportaron poco: algunos síntomas de las enfermedades de la vid y técnicas enológicas muy elementales. Sus padres desaparecieron en una riada cuando él era adolescente; de ellos aprendió las tareas agrícolas más primarias. Nadie le explicó cómo acabar con tanta dejadez. Intentando olvidar el tiempo perdido, recordó un proverbio: La verdad está en el vino. “La verdad que yo necesito, la verdad, la verdad…”, repitió confuso sin saber cómo ni dónde encontrar algo tan sutil.

Sintió en los labios la amargura de la dificultad, pero no se amilanó. Allí mismo, al lado de la casa donde creció, estaba la bodega con las muestras de casi cien añadas, cada una con la reseña de su cata. Aturdido tras un síndrome de abstinencia, sacudió las telarañas de las repisas y el polvo de los envases. “La verdad está en el vino”, se dijo otra vez. Luego decidió buscar, entre tanto buqué añoso, la fórmula para convertir aquel parral en el más productivo de la comarca. Al mismo tiempo, expiaría los años de alejamiento y despilfarro.

Con ese fin, cada tarde se encerraba en el lagar y apuraba la selección de la cosecha apetecida, pero cualquier indicio de acierto se desvanecía en el éxtasis de los sueños, con imágenes y voces fantasmales. En pocas semanas escanció los caldos de un estante completo, sin ningún provecho. De vuelta a la realidad, con la boca pastosa y la cabeza llena de nada, se reencontraba en un laberinto de verdades y mentiras, cada vez más lejos de sus propósitos.

Consciente de tamaño fracaso, sentado en una cuba, se golpeó la cabeza y el pecho con los puños, en un gesto de castigo y desprecio, pero no dejó de beber; cada vez lo hacía con más ansia, ávido de encontrar en sus delirios el camino a seguir.

Una tarde, cuando la quimera onírica empezó a pesarle, adivinó el semblante grave de su padre. Este le reprendió con un eco de voz firme y recia: “Quieres acabar con todo el vino, pero el vino acabará contigo. ¡Sal fuera! La verdad que demandas no está en las botellas”.

Benito salió de la bodega con un ligero tambaleo, los faldones de la camisa al aire y los zapatos desatados, sin afeitar y el pelo revuelto. Diluviaba. Como quien no siente, se puso en el centro de la viña con los brazos abiertos y la cara al cielo. Contento de refrescar el cuerpo y la mente, canturreó agradecido. Así estuvo hasta que escampó y brilló el sol.

Nunca se sintió tan despierto ni con tantas ganas de cambiar su suerte. Chorreando y con los ojos repletos de luz entró en la vivienda, ruinosa como todo lo demás. Hizo un esfuerzo de memoria, y con las últimas luces anotó los trabajos más urgentes: sanear manantiales, escardar, podar, desbroce, despampanar y roturación. Sabía que eran labores de mucho sufrir, pero durmió bien esa noche.

Al amanecer buscó aperos de labranza y ropa adecuada, y decidió trabajar de sol a sol para rejuvenecer la tierra donde nació y nacieron sus mayores. Lo primero, limpiar los estanques del caserío. Concluida la faena, vio su cara reflejada en el agua cristalina. Con lágrimas de emoción a punto de caer, erigió aquel lugar como escenario de todas sus gestas. El agua fresca le ayudaría cada mañana a organizarse y a tomar decisiones, y por la tarde le libraría de los agobios y sudores de toda la jornada.

El chaparrón y las palabras del padre le convirtieron en un hombre fuerte y resuelto. Superó su ignorancia y los hábitos malsanos del pasado, batalló con temporeros, bancos y funcionarios, y aguantó sobre sus espaldas las palizas hirientes de heladas y granizos, de estíos y nublados. Pero no todo fue triste, también recibió el consuelo de primaveras amorosas y cosechas abundantes. En la brega cotidiana tuvo que alternar negocios y labranza, restaurantes caros y almuerzos de fiambrera, coches y tractores.

Gracias a tantos desvelos, varios otoños después sus productos eran respetados por clientes y competidores. Poco a poco rehabilitó la casa y la bodega, y construyó instalaciones modernas para transformación y almacenaje. Eso sí, acabó con las manos llenas de callos y la cintura dolorida. Nunca se quejó, al contrario.

Benito sigue discurriendo quehaceres y proyectos en el pretil de la alberca, y obsequia a los clientes favoritos con agua embotellada del pozo, como elixir de energía y buenos augurios. Pero recomienda a todos que, como él, celebren sus éxitos con las mejores reservas, degustadas con el placer de la moderación. Ese es su lema, su verdad; la verdad que el vino le brindó.





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Re: UN BRINDIS POR EL VINO

Mensaje  adaluz el Mar Mar 26, 2013 4:40 am

sunny que buen vino
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Re: UN BRINDIS POR EL VINO

Mensaje  jOSÉ lUIS el Lun Abr 01, 2013 12:20 am

adaluz escribió: sunny que buen vino

Gracias.

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Re: UN BRINDIS POR EL VINO

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