MISTERIO DE INTIHUASI - por Orencio Julio Correas

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MISTERIO DE INTIHUASI - por Orencio Julio Correas

Mensaje  Alejandra Correas Vázquez el Jue Mayo 08, 2014 5:27 pm

El Misterio de
MISTERIO DE INTIHUASI
Estudios Toponímicos de Córdoba - Argentina
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Como dato ilustrativo de la bravura y condiciones guerreras de los soldados camineguas, escuché el siguiente relato: todas las tribus que dependían del Inca recibieron la noticia de su caída, y de la entrada de los españoles al Cuzco, a los muy pocos días de suceder el golpe, por la rapidez del servicio de los chasques, a la vez que se les comunicaba esa noticia, se les ordenaba poner a buen resguardo todos los elementos de valor que cada tribu tenía, y muy especialmente los metales preciosos.

Fue objeto de comunicación especial, y si se quiere hasta reservada, la que recibieron los sacerdotes de Inti-Huasi, ya que a los pocos días de recibida salió uno de los sacerdotes con todas las llamas cargueras que tenían en dirección al Perú, ya que podía decirse al Cuzco, por los acontecimientos conocidos.

Quedaron así en Inti-Huasi dos sacerdotes, a la espera de llamas cargueras para poder transportar el resto, que aún era mucho, de las riquezas regaladas al Inca.

Este arreo de llamas que no pasaría de unas seis, por cuanto eran las destinadas al transporte anual de los presentes que entregaban al Inca, todas las tribus que dependían de Inti-Huasi, nadie sabe si llegó o no a su destino.

Se ignora también si por la confusión de los acontecimientos que forzosamente reinaba en el Perú, porque este cargamento fue sorprendido por los españoles, o porque no se consideró prudente mandar un arreo mayor como se pedía, a los fines de no denunciar la existencia de los tesoros de Inti-Huasi, el hecho es de que los sacerdotes que quedaron no recibieron con qué evacuar el resto de los objetos de culto, y valores que eran de gran importancia.

Mientras tanto estos sacerdotes como los indios camineguas recibían noticia tras noticia de la presencia de hombres blancos fuertemente armados, y a caballo, que merodeaban por todos los pasos de la cordillera de los Andes, posiblemente efectuando reconocimientos para el pasaje de fuerzas mayores, como poco a poco se fue comprobando, ya que fueron varios los grupos que se internaron en nuestro país (Argentina) , tomando diferentes rumbos en sus avances.

La presencia de grandes grupos de fuerzas que posteriormente fueron observadas por los nativos, y sobre todo el avance de algunas columnas hacia Santiago del Estero, que no podía ser otra que la expedición del Capitán Diego de Rojas, provocó un gran revuelo en Inti-Huasi, y muy especialmente entre los camineguas que eran los guardianes de la misma.

Había que tomar todas las medidas que fueran necesarias para impedir que estas fuerzas invasoras llegaran a Inti-Huasi y pudieran, a la vez profanar el templo, apoderándose de tantos objetos de valor que en él había, dedicados al culto. Se resolvió, de acuerdo, y en combinación con los dos sacerdotes que habían quedado, presentar combate unas leguas antes de Inti-Huasi, en caso de que esta expedición tuviera la intención de seguir tal rumbo.

Todo lo previsto por los camineguas de cumplió. Las tropas de esta expedición avanzaron hacia el lugar en donde se los esperaba con el propósito de impedirles el paso, llevándose con tal motivo serios y sangrientos combates que obligaron a las fuerzas expedicionarias españolas a tomar otra dirección de marcha, mucho más al norte, por donde después siguieron.

Después los camineguas supieron que en los entreveros de los combates, habían dado muerte al jefe de la misma (Capitán Diego de Rojas), por lo que temiendo que éstos contraatacaran con fuerzas mayores, procedieron, con los Sacerdotes Incas, a desmantelar y esconder los tesoros de Inti-Huasi, quedando ésta en la forma que hasta hoy se encuentra, donde fuera el centro religioso y político más importante de lo es hoy nuestro país argentino en la época pre-hispana.

Nadie sabe, ni dónde ni cómo se ocultaron o transportaron estos tesoros, ni qué fue de los dos sacerdotes que había quedado, pues ellos también desaparecieron al poco tiempo de la muerte del Capitán Diego de Rojas.

Hay versiones de que con toda cautela, y custodiados por los camineguas, estos sacerdotes tomaron rumbo al Perú llevando los tesoros como cargas individuales, pero jamás se pudieron confirmar.

Otras versiones en cambio, afirman que todos los objetos de valor fueron enterrados en las inmediaciones de Inti-Huasi a la espera de poderlos evacuar posteriormente, pero nada hay de realidad que pueda confirmarse, quedando así en el misterio el fin o destino de los mismos y que es lo que yo llamo : El Misterio de Inti-Huasi.

Desde entonces, y a raíz de estos acontecimientos, la niña mimada y Meca de la religión indo-incaica de ese pedazo de suelo cordobés: Inti-Huasi (Casa del Sol), escondió para siempre los rayos luminosos con que alumbraba la fe de sus tribus legendarias, el secreto de sus valiosos tesoros materiales, y el alarido rebelde de sus hijos que poco a poco fueron despojados de todos los bienes que les correspondían por herencia milenaria de sus mayores, quedando como parias en sus propias tierras, obligados y sometidos al vasallaje arbitrario de un emperador extranjero de un lugar extraño y muy lejano, que invocando el derecho de civilizar sólo cometió barbarie y destrucción.

Todos estos datos que doy de Inti-Huasi son relatos que personalmente me hicieron personas de Córdoba, Santiago del Estero y Tucumán que tenían viejos conocimientos de la importancia que ésta tuvo en la época pre-hispana, entre ellas mi querido padre (Orencio Correas Narvaja, abogado cordobés), que en sus mocedades, pasó varios años en Caminiaga, lugar que fue la sede de gobierno de los indios camineguas, a 12 kilómetros aproximadamente de Inti-Huasi, y que como todos sus alrededores, eran los preferidos por las tribus que anualmente llegaban, dadas las condiciones inmejorables que las mismas ofrecían.

Mi padre, a su vez, obtuvo estos datos de viejos pobladores de esa zona que conocían por referencias familiares muy antiguas, el importantísimo rol que tuvieron los camineguas en la custodia y defensa de Inti-Huasi que les fuera confiada directamente por el Inca, misión que cumplieron fielmente como lo demostraron en los sangrientos combates con la expedición de Diego de Rojas (personaje muy conocido en la historia argentina), impidiendo que ésta llegara a ella y obligándola a tomar otro rumbo de marcha, sin que pretendieran volver en busca de una revancha que posiblemente la consideraron empresa muy difícil dada la severa lección que recibieron.

La Historia no ha sabido hasta hoy hacer justicia con esta tribu, ya que grandes y consagrados historiadores atribuyen a la tribu de los Juríes estos hechos que menciono. Es por ello que me permito ofrecer a los señores historiadores estas narraciones, por si estiman necesario comprobarlas para aclarar tales hechos, que hacen honor al pasado indígena de esa región cordobesa.

Existen en Inti-Huasi varias pictografías de jinetes armados, que según los entendidos no son comparables con las pictografías del Sol, la Luna y otras que se consideran primitivas. A mi juicio y el de otras personas que las han observado, éstas fueron realizadas por los camineguas como un homenaje a sus guerreros después del triunfo que tuvieron en los combates con la expedición de Rojas, ya que como se sabe, en América recién se conoció el caballo cuando lo trajeron los españoles.

Son estas pictografías el único recuerdo que ha quedado de estos hechos, las que debieran ser sometidas a un concienzudo estudio de personas peritas en la materia, que pudieran interpretar el sentimiento indígena de este homenaje.

El descuido de los gobiernos argentinos (Nacional y Provincia), al no tomar medidas de declarar intocables las pocas obras de arte indígena, que como las del Inti-Huasi (casa del Sol), poseemos como recuerdo (quizás milenario) de un pasado esplendoroso de la raza aborigen; el poco o ningún sentimiento patriótico del o de los dueños del Cerro Colorado, donde se encuentra Inti-Huasi, han permitido que manos mercenarias, vendidas a los treinta dineros de un extranjero, abusara de la cordial hospitalidad que inmerecidamente se les brindara, para extraer, horadando la piedra, la principal pictografía que ella tenía, o sea el Sol, dejando Inti-Huasi con un hueco más, y una obra de arte menos, ya que se tiene conocimiento de que ha salido del país, y que posiblemente se le ostentará en algún museo foráneo, como un trofeo artístico de una raza inferior, (para ellos), pero que en realidad ellos no tuvieron, en los comienzos de sus civilizaciones trogloditas, el adelanto que encontraron en las razas aborígenes de esta bendita América.

Desconcierta y ofende al sentimiento argentino esa falta de respeto y la carencia absoluta de reciprocidad en las atenciones inmerecidas que se les brinda a muchos extranjeros que, como el que se llevó el Sol de Inti-Huasi, (que los hizo a sabiendas, y conociendo su gran valor artístico, así como también cómo y por qué lo hacía), merecer nuestro mayor repudio.

De la misma manera tendría que marcarse a fuego a muchos argentinos, que en una u otra forma prestaron su concurso para consumar este hecho vandálico, pues ni siquiera tuvieron en cuenta que ese Sol, que, aunque era el más grande de los símbolos de una religión pagana, es el mismo que nosotros veneramos en nuestra inmaculada enseña patria argentina.


Mayor Orencio Julio Correas

Diario LOS PRINCIPIOS – Córdoba-Argentina-Miércoles 26 de enero de 1949

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